Mientras veo por la ventana que da al jardín de mi casa, me pregunto ¿qué hice para haber llegado a este extremo? No es la ida al hospital lo que me perturbaba, es el camino que me llevó hasta ahí lo que hacía ruido en mi cabeza. Así como cuando después de un logro corriendo o una mala experiencia siempre buscas explicaciones, estoy acostumbrada a ello, esta vez mi reacción fue la misma. Tratando de encontrar las respuestas, llegué a la conclusión de que necesitaba silencio.
Pasaron las semanas, dejé de correr, aprendí a comer a mis horas, a ser todavía más selectiva con mis alimentos y me di cuenta, que había restaurantes que ya no podía visitar ¡todo estaba lleno de grasa que ya no puedo digerir tan fácil!
De pronto, estaba en casa, en pants, sin una gota de maquillaje, cocinando yo misma, alejada de los lácteos y las grasas y condimentos, trabajando pero a un ritmo mucho menos acelerado y disfrutando de mi familia como nunca. Retomé mi papel de mamá full-time (en el fondo es algo que disfruto mucho). Hice nuevas amigas, empecé a tener reuniones y fiestas con las mamás de los niños del colegio de mi hija (soy muy grinch y me parecía poco serio el asunto) pero me di cuenta que no, que sí era importante conocer a las familias con las que se relacionaba mi hija y adentrarme en un mundo que era desconocido para mí.
Comencé a tomar clases de agricultura biomecánica, a entender la parte espiritual de sembrar en mi propio huerto y obtener alimentos de calidad, también me di el tiempo para leer libros que tenía ahí abandonados (soy una freak en la lectura y amo todo lo que tiene que ver con psicología y filosofía además de la nutrición y el running), me reencontré con amigos corredores de la universidad que ahora están metidos en rollos de altruismo y conciencia, me involucré en las clases de alemán de mi hija y lo que es mejor, tuve tiempo para mí (hacía un rato que me importaban más los demás que yo).
Y entonces, en ese estado de paz, me di cuenta que lo que busco no está fuera sino dentro de mí. Para mí no es cualquier cosa haberme ido al hospital dos veces en este año por culpa del estrés, la primera fue un aviso, la segunda ya no hubo remedio.
Hoy estoy recuperada al 100%, he retomado el ejercicio que abandoné por tres semanas (mucho para mí), mi rodilla me empezó a doler esta semana a manera de protesta por no moverla y a mi mente ya le urgían las endorfinas, ¡soy corredora por pasión!. Nunca pensé en abandonar nada de lo que hago, simplemente me planteé la solución de enfrentar todo de otra manera muy distinta y empecé a encontrar respuestas donde menos lo imaginé.
“Tómate la vida más tranquila, eso es lo que te va a curar y si el ejercicio te ayuda, adelante…estás muy sana”, esas fueron las palabras del doctor al darme de alta y me reiteró “espero verte pero para que me enseñes lo que haces, no en el hospital”. Y cuando le pregunté ¿cuándo puedo correr? su respuesta fue: “Cuando tu cuerpo te diga que es hora de volver al ejercicio, ¡hazle caso!”.
Hoy muero de risa, estoy orgullosa de mí, de lo que hago, de lo que soy y muy consciente de que no son mis circunstancias las que me llevaron a esto, sino mi incapacidad para manejar el estrés que me genera la vida acelera que yo misma me impongo. Y ¿para qué?
Le bajé un cambio al ritmo de mi vida, me he vuelto menos exigente conmigo misma, he establecido una barrera para que las cosas que no puedo controlar o no tienen que ver conmigo, no me afecten y me he concentrado en solo estar en el presente, con las personas adecuadas y sobre todo, en disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. ¡He vuelto a ser lo que siempre había sido y que en alguna parte perdí!
Por increíble que parezca, me he vuelto a enamorar de correr. Mi mismo estrés hizo que lo odiara, las carreras ya no me daban emoción, me generaban estrés, me peleaba con mis tiempos y los horarios para entrenar y estoy tan sorprendida de lo que eso ha significado, correr sin duda, es mi gran maestro y esta vez me dio un reto difícil pero no imposible. Llevo un matrimonio con la carrera desde hace 21 años ¿saben cuántas cosas he vivido? ¡había que renovar la pasión! ¡Y lo logramos! Hoy vuelvo a correr porque lo amo, no por imposición, corro por mí, como tantas veces lo he hecho. ¡Me da emoción pensar en una próxima carrera! Es mi momento para encontrarme conmigo misma, adoro correr sola, sin música, con mis pensamientos y mi respiración. ¡Y eso lo había perdido!
Estoy lista para mis próximas aventuras corriendo, para seguir trabajando (eso alimenta mi alma también), para seguir contribuyendo a que el running crezca en México, a ponerle un alto al estrés y a las circunstancias que lo provocan pero sobre todo, a disfrutar de los pequeños detalles diarios que me hacen feliz. ¿En qué momento decir NO se convirtió en un problema cuando antes no lo era para mí? No lo sé, solo sé que esta lección nunca se me olvidará. Sin duda, corriendo he aprendido a entender la vida.

¡Running ahí te voy de vuelta! Gracias por el silencio, ¡lo extrañaba tanto! ¡Dejemos el drama y a lo que sigue! Me esperan viajes muy interesantes, eventos, fiestas, lanzamientos, relajo…¡esta sí soy yo!

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